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Mujeres, mis hermanas
 
26/10/2007
Yo pertenezco a un grupo intercongregacional de 15 religiosas de diferentes nacionalidades. Nuestra misión común es acompañar a las mujeres que están en Centros de Detención Temporales (CDT). Nosotras visitamos el centro una vez por semana. Cada una de nosotras se reúne con un grupo de mujeres de acuerdo a su lengua materna o lengua de comunicación. Como nosotras, ellas vienen de todas partes del mundo y se encuentran en el CDT porque no tiene documentos de identidad y son consideradas clandestinas.

Muchas de ellas han estado previamente en prisión culpables de diferentes delitos como robo, tráfico de drogas, o incriminadas por los traficantes. Pero la mayoría son victimas del tráfico de mujeres destinadas a la prostitucion. Víctimas de su pobreza, fueron atraídas por las promesas de encontrar trabajo bien remunerado que les permitiera elevar las miserables condiciones de vida de su familia o asegurar la educación de sus hijos. Estas últimas viven una pesadilla bajo el yugo de los alcahuetes y de las redes de prostitución.
Sin documentación, porque les confiscaron los pasaportes al salir de sus países, la policía las recoge en las calles y las lleva a uno de estos Centros hasta que el servicio de inmigración decida su suerte. Este proceso toma un promedio de dos meses.

Cada semana yo me reúno con mi grupo de mujeres de diferentes nacionalidades pero con una lengua común. Yo me reúno con ellas simplemente porque son mis hermanas que sufren y que han sido heridas por las injusticias de la sociedad de hoy. Ellas han tenido la mala suerte de encontrar en su camino malhechores desalmados que pretenden dominar el mundo con el poder del dinero. Yo les ofrezco consuelo acercándome a ellas acogiéndolas y escuchándolas con gran respeto. Conversamos en común sobre algunos tópicos pero también ofrezco tiempo para hablar conmigo en privado. Siempre me maravillan su sencillez, su confianza y su apertura que me hacen experimentar mi pequeñez. También hay espacio para encontrar a Dios en su Palabra. Aunque de diversas confesiones religiosas, ellas participan con mutuo respeto en estos momentos de oración y de compartición de la Palabra de Dios.

Estas son mujeres heridas, víctimas de injusticias y burladas en su dignidad y en sus derechos. Ellas llegan al Centro desalentadas y sin esperanza en el futuro pero poco a poco en el silencio y la soledad (no hay actividades organizadas excepto deportes para algunas) y ayudadas por los encuentros semanales, muchas consiguen releer su experiencia y encontrar en ella algún vestigio de Dios. De este modo, poco a poco renace la esperanza trayendo una nueva visión de la vida y dándoles el valor necesario para planificar el futuro liberándose del pasado. Hacia el final del primer mes de detención las ayudo a reflexionar sobre el futuro, a buscar avenidas que les permitan tomar control de sus vidas para poder recomenzar a vivir. Y lo que es extraordinario es que muchas deciden dedicarse a informar otras mujeres, especialmente a las jóvenes, para eviten esta experiencia. Al hacer esto ponen su vida en peligro porque las redes no quieren perder sus presas. Por esto es necesario crear Centros de Acogida en los países de origen para ayudar en la integración y protección de las mujeres una vez que son deportadas. Hacemos un llamado a las congregaciones religiosas a movilizarse en la protección de estas mujeres.

Por la noche cuando regreso a casa después de estar en el Centro me siento como si hubiera vivido una jornada intensa de encuentro con Dios mismo. Estas mujeres me interpelan y me evangelizan con su sufrimiento, con su fe en la vida, con su convicción de que con Dios todo es posible y que es necesario esperar contra toda esperanza. Yo les agradezco por haber cruzado mi camino porque ellas me enriquecido mucho y me han enseñado a ampliar el espacio de mi corazón y de mi vida.

Y allí están María, Jeanne, Claudia, Anita, etc.…tantas hermanas mías que en el silencio de la noche sufren la vergüenza de ser mujeres traficadas forzadas a vender su cuerpo para enriquecer los bolsillos de sus verdugos sin compasión. Pido por cada una de ellas para que el Señor las ayude ya que nada es imposible para El. Pido también por los verdugos cuyo culto al dinero ha convertido sus corazones de carne en corazones de piedra, para que un día la luz de la muerte y resurrección de Jesucristo trace un camino en sus corazones.

Escrito por Euphrasie Razafielinoro, smr