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XXII Asamblea General (10-12 de noviembre de 2015) «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27)
 
10/11/2015

 

Resultado de imagen de confer españaXXII Asamblea General

(10-12 de noviembre de 2015)

«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27)

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«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).

El año pasado nos dábamos cita en nuestra Asamblea General motivados para adentrarnos en otras orillas. Recordaréis el lema: «Vayamos a la otra orilla» (Mc 4,35). Fue la primera consigna dada por la XX Asamblea. En esta misma se propuso abordar el tema del servicio de la autoridad, que ha inspirado el lema de este año 2015: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27). Como os decía en la carta convocatoria, el tema completa la llamada para ir hacia otras orillas desde donde afrontamos nuestra entrega a Dios y a sus preferidos. Lo que se convierte en un referente para el resto de servicios en los que estamos llamados a entregarnos las personas consagradas y nos compromete a escuchar vigilantes el clamor de una humanidad sufriente. El servicio de la autoridad, que es servicio evangélico, tiene una fuerte dinámica de salida misionera y una exigencia comprometedora y testimoniante.

En la conclusión de la XXI Asamblea General hace un año, recordábamos Evangelii Gaudium nº 25: «…Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una “simple administración”. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un “estado permanente de misión”».

Con esta convicción evangélica de no dejar las cosas como están y manteniéndonos en estado permanente de misión, en salida, hemos procurado caminar en CONFER hacia otras orillas y contemplar la realidad desde abajo, para estar en medio de nuestros hermanos como quienes sirven. Y lo hemos hecho con otros, compartiendo visión y misión en nuestra Iglesia.

Así ha sido el proceso con Cáritas Española, Justicia y Paz y la Comisión de Migraciones de la CEE, hasta constituir el «Marco Común de la Red Intraeclesial frente a la situación actual» para articular una estrategia conjunta de Iglesia ante el reto de las migraciones en clave de hospitalidad, dignidad y derechos para todos los inmigrantes, no solo para quienes obtienen estatuto de refugiado.

Así ha sido también el camino compartido de la Red Intraeclesial Frontera Sur de España para la acogida y acompañamiento de personas que llegan allí, sobre todo a la valla de Melilla. Así lo hemos hecho también mostrando nuestro apoyo a la lucha contra el tráfico, la trata y la explotación de personas a través de la red europea de religiosas/os y laicos RENATE y del Grupo Santa Marta, impulsado por el papa Francisco con el objetivo de combinar recursos de las autoridades civiles y de la Iglesia Católica para erradicar y prevenir esta lacra social y atender pastoralmente a las víctimas.

Así llegamos a esta Asamblea para ratificar este modo de caminar que nos muestra aquél que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos (cf. Mt 20, 28) yendo a la otra orilla (cf. Mc 4, 35). Aquél que está en medio de nosotros, de nuestros hermanos y hermanas de congregación, en medio de los hombres y mujeres que peregrinan en este mundo en estos tiempos, en medio de todos, especialmente de los que más sufren, como el que sirve (cf. Lc 22, 27). XXII Asamblea General (10-12 de noviembre de 2015) «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27) 

Lo descubrimos en el cartel para esta Asamblea. Como trasfondo está el icono del cirineo, que ayuda a llevar la cruz a ese Jesús que está en medio de nosotros, sirviendo y entregándose “hasta el extremo en los extremos”. Es una imagen que habla de la autoridad en la vida consagrada como una dinámica que consiste en "hacerse cargo", "encargarse" y "cargar" con la cruz de Cristo, de quien dimana el servicio, y con las cruces de los hermanos de congregación y del mundo, hacia quienes se dirige nuestra entrega. Con este trasfondo, en este cartel se ve, en primer lugar, la propia cruz de Cristo, que sigue en medio de este pueblo necesitado "como el que sirve". En segundo término, las manos de muchos hombres y mujeres, también muchas personas consagradas, sin que podamos percibir su edad, su salud, su condición física, su ánimo, que ayudan a llevar la cruz. Cada cual según sus posibilidades. Son manos alzadas con autoridad. Pero esta autoridad no viene de su propia fuerza, que siempre será insuficiente, sino de su deseo y decisión en asociarse a la entrega de Jesús, que va camino del Calvario para llegar al horizonte luminoso de la verdadera Vida. En tercer lugar, vemos dos fotografías en la parte de arriba que concretan y ponen rostro al modo de servir propio de los consagrados. Este modo consiste, por una parte, en levantar y abrazar a los débiles con la alegría de la fe y de la vida nueva en Cristo. Es lo que quiere reflejar la foto de la religiosa. Y, por otra parte, este modo de servir consiste en acoger, sostener y fortalecer a quienes están dispuestos para que conozcan y amen cada vez más al Padre. Es lo que podemos ver en la foto de las manos en el momento de la profesión religiosa.

Somos cirineos. La cruz del servicio la lleva Jesús, en medio, como el que sirve. Nos hacemos cargo, cargamos entre todos la Cruz, asociados a quien tiene autoridad porque entrega la vida sirviendo para que otros tengan vida y una vida abundante (cf. Jn 10,10).

 

3. El servicio de la autoridad en la vida consagrada de estos tiempos.

En estos tiempos se cumple aquella palabra de Jesús en el evangelio de Mateo después de que todos los discípulos se indignaran contra los dos Zebedeos que, lejos de querer ser cirineos, sí querían los primeros puestos. Probablemente aquellos discípulos indignados también pretendían los primeros puestos, como relata Lucas cuando menciona la discusión sobre quién debe considerarse el más importante. Se acabó esta discusión cuando « 25 Jesús entonces les dijo: Los reyes someten las naciones a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores. 26 Pero entre vosotros no debe ser así. Antes bien, el más importante entre vosotros debe ser como el más pequeño, y el que dirige debe ser como el que sirve. 27 Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es, acaso, el que se sienta a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22, 25-27).

Hoy sigue resonando con fuerza esta llamada de Jesús: “entre vosotros no debe ser así”. Sigue en vías de desarrollo este cambio de paradigma. No ha de ser así entre nosotros. No ha de ser. La vida consagrada siempre ha estado llamada a servir. Y cuando se descubre su dimensión de servicio es creíble y es bien acogida. XXII Asamblea General (10-12 de noviembre de 2015) «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27)

En estos tiempos en los que la humanidad ha progresado tanto, todavía hay esclavitudes, algunas nuevas, actos de dominación, de clara opresión y de corrupción. Como también encontramos escándalos tristes en la Iglesia y en la vida consagrada lejos de la coherencia y del servicio evangélico de la autoridad. Todo inadmisible.

Pero la vida consagrada, como el papa Francisco nos ha recordado reiteradamente, está llamada a ser profética, vigilante y activa. Por tanto debe denunciar y, al mismo tiempo, liberarse de todo interés opresor, corrupto, egoísta, autorreferencial, en definitiva antievangélico. Para ir siendo cada vez más una vida de servicio entregada por todos, “de la misma manera que la de Jesús”, para lavar y erradicar el daño, el mal, la violencia, el odio, el pecado, el delito. Los versículos finales del texto de Mateo sobre los puestos importantes dicen: «El que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo. De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos» (Mt 20, 27-28).

Sin duda ya vivimos así en la vida consagrada, pero podemos vivirlo más si crecemos en esta entrega quienes estamos llamados al servicio de la autoridad sin ceder a estrategias que se asemejen a los poderes de este mundo. Nuestro modo de servir se contagiará hasta el último rincón de la misión que realizan desde cada carisma nuestros hermanos y hermanas.

Lo pone de manifiesto desde otra perspectiva muy interesante el evangelio de Lucas cuando nos dice que no podemos servir a dos amos, pues seremos fieles a uno y despreciaremos al otro, que no podemos servir a Dios y al dinero (cf Lc 16,13). O lo que sería lo mismo: es incompatible servirnos a nosotros y a los otros al mismo tiempo. San Agustín lo dice sabiamente cuando presenta las dos ciudades fundadas en dos amores: el amor propio y el amor a Dios. A cualquiera de las dos podemos servir. Bien a la ciudad de los que ponen la gloria en sí mismos, bien a la ciudad de los que ponen la gloria en Dios: «aquélla reina en sus príncipes o en las naciones a quienes sujetó la ambición de reinar; en ésta unos a otros se sirven con caridad»1 .

Lo recrea hermosamente un hijo de san Agustín2 en este texto:

«Dos amores alzaron dos ciudadelas, el “amor de lo bajo”, la Ciudad Baja con murallas y fosos y centinelas. Allí llaman los hombres “amo” al dinero, “paz” a la muerte, “porvenir” al desastre y a la avaricia, “subversión” a los gritos de los obreros, y pregonan la cínica ley del más fuerte como “justicia”. Arriba, en la montaña, cerca del sol, el “Amor de lo alto” levantó la brillante Ciudad de Dios, la habitan los pacíficos, los inocentes, los que por ser humildes tienen la cumbre, los del corazón lleno de mansedumbre, la buena gente que lleva el evangelio escrito en la frente. Ellos son la semilla de la belleza, ellos son la promesa de un mundo limpio, y la certeza de que dará su fruto tanta tristeza. […]…delante de ti, tienes las dos ciudades, nadie vendrá a quitarte tu libertad, pero tampoco a nadie podrás culparle del camino que sigas, del Señor al que digas -“quiero ser ciudadano de tu ciudad”-. Hallarás otros locos en la tarea, de todos los países y los colores, esos son tu familia, esa es la Iglesia que fundó un hombre joven de Galilea con pescadores para hacer de los tiempos, tiempos mejores».