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Celebrando El Dogma de la Inmaculada Concepción, que dio origen a la experiencia de Emilie, y donde nacemos como Reparadoras
 
08/12/2016

Celebrando El Dogma de la Inmaculada Concepción, que dio origen a la experiencia de Emilie, y donde nacemos como Reparadoras

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    EL CARÁCTER SIMBÓLICO DE LAS AFIRMACIONES TEOLÓGICAS SOBRE MARÍA (extractos del artículo)-

Leer el Texto completo.

The symbolic character of theological statmenets about Mary, Journal of Ecumenical Studies, 22 (1985) 312-320

El propósito del presente estudio es el siguiente: las afirmaciones sobre María tienen una estructura simbólica, de modo que, aun refiriéndose primariamente a ella, alcanzan su pleno sentido teológico cuando se refieren a la iglesia, a la comunidad de los creyentes, de los que ella es un miembro. María tipifica la humanidad nueva nacida de Cristo. El sentido teológico de las afirmaciones sobre María está en relación con el acto redentor de Cristo en cuanto llega a todos los creyentes en el sentido más amplio, y específicamente a todos los miembros de la iglesia. Este "preeminente" miembro simboliza ciertas características precisamente porque ellas son atribuibles a toda la iglesia como tal. Lo que decimos de María lo decimos, en el fondo, de nosotros mismos.

iglesia

En los escritos del siglo I María es presentada como la cristiana que escucha la palabra de Dios y la guarda y que representa con el discípulo amado la comunidad creyente. Ireneo de Lyon sobre el Magnificat comenta que María dijo "Mi alma glorifica al Señor" hablando en nombre de la iglesia. S. Ambrosio también sobre el Magnificat dice que era el "tipo de la iglesia" aplicándose a María la palabra profética sobre la iglesia. S. Agustín: María es una parte de la iglesia, es su tipo; y la iglesia es madre por la caridad y virgen por la integridad de la fe, pero más significativa aún para la iglesia es la calidad de discípulo que María simboliza. Para Lutero María significa cómo Dios obra con la humanidad y, a la vez, la respuesta humana. El Vaticano II reiterando el axioma de Ambrosio sobre María, figura de la iglesia, vio en ella la tipificación en la fe, la caridad y la perfecta unión con Cristo. Pablo VI percibe a María como miembro preeminente del pueblo de Dios, "nuestra hermana"; es imposible honrar a quien es llena de gracia sin honrar por ello mismo en ella el don de la gracia que es la amistad con Dios.

Las aserciones sobre María son interpretadas con propiedad como aserciones sobre aspectos de la relación de la iglesia con Dios en Jesucristo, esta iglesia de la que ella es miembro. María es madre: la misión de la ekklesia es hacer vivo a Cristo en los corazones de los fieles por el testimonio de amor y de fe. María es virgen: la postura de la ekklesia es fidelidad de pleno corazón, imperecedera, a Cristo esperando el cumplimiento escatológico. María es peregrina de la fe: la ekklesia está llamada a ser la que escucha la palabra siguiendo a Cristo como pueblo peregrino del "fiat". María es profeta: la ekklesia debe proclamar la justicia para los oprimidos manteniendo viva la visión revolucionaria del futuro de Dios. María es discípula: la ekklesia es la creyente que predica y la proclamadora que cree al mismo tiempo. En todas estas afirmaciones se evoca la identidad y el propósito de la iglesia en su referencia a Dios en Cristo. Y ello, por su real carácter del lenguaje simbólico. En la perspectiva simbólica, María es, al mismo tiempo, una persona particular y una colectividad. Así la explica Rahner:

"Cuando estamos envueltos en nuestras devociones a María, estamos comprometidos en una comprensión cristiana de la condición humana". Al llamarla santa, estamos diciendo algo sobre nosotros mismos: que somos redimidos por la gracia divina y llamados a ser discípulos. Hay que recordar, igualmente, que las afirmaciones sobre la iglesia tienen un carácter escatológico. Durante la peregrinación de esta vida la comunidad de discípulos no siempre escucha la palabra de Dios y la guarda. Aunque siempre es amado por Dios y está llamada a proclamar la Buena Noticia, la iglesia puede ser llamada también con propiedad, pecadora ("semper re formanda"). Si lo que decimos de María lo decimos de nosotros, ello no quiere decir que legitimemos cualquier momento concreto de la existencia de la iglesia. Los creyentes viven con la convicción de que Dios triunfará sobre el mal. En este contexto el símbolo de María es una llamada profética y desafiante para la iglesia. La fe reconoce que ya en Jesucristo y por el Espíritu la victoria final es un hecho del que participa el presente.

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La inmaculada concepción Aunque concepto negativo (concebida sin pecado original), significa positivamente ser concebido en la gracia de, Dios. Afirmar que María fue concebida en gracia, en vistas a los méritos de Jesucristo, es decir algo sobre Dios: el poder preefectivo de la gracia de Dios, el misterio de la elección y predestinación que tiene su origen en Dios y afecta a toda la raza humana, el hecho de que Dios toma la iniciativa de nuestra salvación. Es también afirmar algo sobre la iglesia y toda la raza humana. Rahner afirma: "Si ello es verdad sobre una, es verdad sobre todos". Esta interpretación sobre la inmaculada concepción está en consonancia inseparable con los recientes desarrollos teológicos sobre el pecado original. Este "pecado" no hace referencia simplemente a lo que precede temporalmente a la donación de la gracia, sino a la condición que "coexiste dialécticamente con la oferta de salvación y de la gracia a los seres humanos" (Rahner). Pero la gracia es siempre más poderosa que el pecado. La doctrina de la inmaculada concepción se refiere al hecho del dominio de la redeción de Cristo desde el primer momento de nuestra existencia, porque el segundo Adán es más fuerte que el primero. Por consiguiente, no es una simple cuestión temporal sobre el don dado a María antes, ya que no es el momento del bautismo cuando nosotros recibimos la gracia como el permanente existencial de nuestra libertad que nos conduce a la salvación; María recibe la oferta de gracia en base a su predestinación para ser la madre de Jesús (una implicación de su única historia)