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Visión y celo marcaron la ruta
 
10/04/2008
La siguiente narración está basada en varios documentos de los archivos de la Congregación; documentos históricos relativos a la Condesa Annie Leary; artículos de periódico, mapas, y fotografías de la ciudad de Nueva York en el año 1908; información variada colectada en el Internet; y el tomo voluminoso Présentation Historique de la Société de Marie Réparatrice (1818-1953), by Henri de Gensac S.J. La imaginación de la escritora ha llenado los vacíos

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Jerusalén-México-Nueva York: La conexión reparadora

La casa de Jerusalén fue el resultado del sueño y ardiente deseo de MM de San Mauricio. Después de tres años de negociaciones con Propaganda Fide, finalmente consiguió la autorización para establecer una comunidad en la ciudad que, incluso en su tierra y aire, conservaba el recuerdo del paso de Jesús. Los padres de MM de San Mauricio, con motivo de sus bodas de oro, le habían regalado 100,000 francos que la congregación utilizó para alquilar y amueblar una casa cerca de la Puerta de Jaffa haciendo posible su sueño.

Cuando las primeras reparadoras llegaron a Jerusalén en 1888 encontraron una realidad compleja en la que política, finanzas y religión se mezclaban. La población había sobrepasado 50,000 habitantes y por primera vez nuevos barrios se estaban construyendo fuera de los muros que contenían la polvorosa ciudad de 2.5 kilómetros cuadrados. Europeos, árabes y judíos construían bellos edificios para honrar a Dios. Mientras que edificaban elegantes embajadas para exaltar sus naciones y establecían negocios para su provecho económico. Al mismo tiempo se observaban mutuamente con ojo avizor atentos a signos de alianzas políticas y posiciones de control. El siguiente párrafo tomado de la narración de la primera Novena de Reparación en Jerusalén en 1888 nos da una buena idea de la variedad étnica que rodeaba a nuestras hermanas:
Hemos tenido una verdadera misión durante estos diez días: 32 misas de Reparación, en cuatro ritos diferentes Latino, Armenio, Griego y Maronita, fueron celebradas en nuestra pequeña capilla. Las cuatro partes del mundo estuvieron representadas. Los americanos llegaron justo a tiempo para ofrecer buenos actos de reparación. Francia, Bélgica, Italia, Alemania, España, Polonia, Turquía, Egipto, etc. participaron en las celebraciones. En distintos momentos todo el mundo lloraba.

Ser parte de la organización de eventos que suscitaban tal respuesta, podría ciertamente inflamar el celo de cualquier reparadora sana, entregada y activa. Sin duda la comunidad ofrecía inspiración y educación en cómo conectar con otros en orden a extender el apostolado. Diariamente las hermanas estaban atentas a las necesidades de los pobres, recibían a los peregrinos, facilitaban retiros en diferentes idiomas y ofrecían acompañamiento espiritual a muchas personas.

Un cálido anochecer en Jerusalén en 1889, MM de St Sauveur, miembro de la comunidad que más tarde trabajará mucho por la fundación de Nueva York, estaba marcada para la adoración del jueves de 10 a 11 de la noche. En vez de usar el tiempo entre Completas y la adoración ocupándose de los interminables trabajos de su cargo, decidió subir a la terraza a caminar un rato. Mirando al cielo oscuro podía ver estrellas, planetas y constelaciones. Mientras más miraba más veía. ¿Es esto lo que pasa, se preguntó a sí misma, cuando uno empieza a decir sí a Dios? Un pequeño sí puede abrir el paso a otro, y a otro y antes de que uno se dé cuenta, se halla en medio de un torbellino de conexiones, gente, países, casas y apostolados, todo sostenido en la amplia, oscura, firme mano de Dios.

MM de St Sauveur vio su meditación convertirse en realidad a lo largo de su vida.

Cuando la encontramos en Jerusalén en 1889, MM de St Sauveur, née Nathalie Jouvert, ya había vivido seis años en la misión de Maduré, India. También había tomado parte en las fundaciones de las comunidades de Valencia y Barcelona en España, donde durante meses las hermanas habían dormido en el suelo en colchonetas de paja. Ella reconocía que era inteligente, bien educada, juguetona y voluntariosa. En su infancia había jugado y reído entre las viñas y los bosques de su pueblo Duravel en la Dordogne, Francia, probando su fuerza de voluntad contra las expectativas de sus padres y maestras. En su juventud, Nathalie probó el vino de la adulación, la dulzura de las buenas amistades y los placeres de una sana vida social. Sin embargo, cuando Dios le ofreció viñas más amplias y un lugar entre las seguidoras de Jesús, su sí nunca vaciló.

Después de ocho años fructíferos en Jerusalén, MM de St Maurice le pidió a Nathalie ir con otras seis hermanas a México a establecer la primera comunidad de la Congregación en América. Pasaron casi todo un año en un alojamiento provisional mientras buscaban un edificio adecuado y la autorización del gobierno. Finalmente, el 3 de diciembre de 1898 se celebró la Eucaristía en la primera capilla de María Reparadora en suelo americano.

Una chispa del gran fuego que consumió a Jesús había ardido por largo tiempo en el corazón de St Sauveur y durante los próximos años parecía flamear. En medio de grandes dificultades y extrema pobreza, estableció las comunidades de Puebla de los Ángeles en 1898 y Guadalajara en 1903. Mientras tanto fue a Europa para el capitulo general de 1902. Cuando el barco hizo escalas en New York, St Sauveur hizo contactos en vistas a establecer una fundación en esa ciudad. Durante todo este tiempo estaba trabajando también en los comienzos de las comunidades de Cuba, La Habana en 1904 y Camagüey en 1909.

En 1904 un joven sacerdote italiano, Bonaventura Cerretti*, secretario de la delegación apostólica llegó a México. Los caminos de Cerretti y St Sauveur se cruzaron y su encuentro resultó en una sólida amistad convirtiéndose él en defensor y soporte de la congregación. En la carta anual de la casa de México en 1905 leemos: “Mons. Cerretti, secretario de la delegación, ha sido nombrado auditor de la delegación Apostólica en los Estados Unidos. El se mantiene amigo leal de la casa y está tratando de hacer todo lo posible por nosotras antes de ir a su nuevo destino”. Tenemos copias de cinco cartas escritas por el joven monseñor desde Washington D.C. a Marie de St Sauveur. Comprenden los años 1906 a 1911. En la carta de diciembre 1906 se refiere a “nuestra fundación”. Es obvio que él deseaba ayudar a traer las Reparadoras a los Estados Unidos como muestran las conversaciones que tuvo con los obispos de Brooklyn, los arzobispos de Boston y Filadelfia, y con el Delegado Apostólico que, de acuerdo a Cerretti, “está dispuesto a prestar su ayuda”.

En octubre 1907 St Sauveur, de camino a La Habana, visitó los Estados Unidos. Quería asegurarse de que todo estaba en orden para la fundación de New York que debía comenzar dentro de pocos meses. Viajó primeramente a Washington D.C. para visitar a monseñor Cerretti y de allí a New York para encontrarse con la Condesa Leary. Desafortunadamente, la condesa no estaba en la ciudad sino en su casa de verano en Newport, Rhode Island, a 289 kilómetros de allí. La condesa había dejado dicho que si las Religiosas de María Reparadora venían a visitarla debían ir a verla en Newport. St Sauveur se dirigió a Newport. El resultado de su conversación fue un acuerdo por el que la condesa se comprometía a proporcionar una casa adecuada y una pensión para cubrir los gastos de seis hermanas.


*Es interesante notar que Bonaventura Cerretti, quien fue consagrado arzobispo en 1914, jugó un papel muy importante al final de la Primera Guerra Mundial. Como representante de la Santa Sede en la Conferencia de Paris de Mayo a Junio de 1919 trató, sin éxito, que los “Grandes Poderes” aceptaran la Nota de Paz del Papa Benedicto XV. Durante la década de 1920 negoció con gran éxito el Acuerdo Briand-Cerretti entre el gobierno de Francia y el Vaticano. Entre otros puntos importantes de este documento que definió la distinción entre la iglesia y el estado, resaltan los siguientes: restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Francia y el Vaticano; la administración de edificios religiosos, que hasta entonces había estado en manos de representantes laicos democráticamente elegidos, serian administrados por asociaciones diocesanas presididas por el obispo; clarificación del derecho de la iglesia para nombrar obispos. En 1922, Monseñor Cerretti fue nombrado nuncio de Francia y en 1925 fue hecho cardenal.

Durante su vida Cerretti se muestra sencillo, amistoso, y preocupado por el bienestar de los demás, como se evidencia en sus cartas a Saint Sauveur en las que encomienda a sus oraciones y ministerio a una variedad de personas y amigos. También encontré una anécdota interesante. Es la historia de un joven seminarista jesuíta, Henry Wessling, que quedó ciego cuando un experimento químico que estaba realizando explotó. Durante siete años Henry esperó la dispensación para ser ordenado sacerdote a pesar de su ceguera. En 1917 Mons. Cerretti estaba viajando de Australia a través de los Estados Unidos con destino a Europa y se enteró de que Wessling no había sido ordenado todavía. Prometió traer el caso a la atención de Roma. Fue al Papa a pedir la dispensa, y el Papa dijo, “Búscame un precedente.” Cerretti fue al punto a ver a Januarios Bucceroni, S.J. quien estaba al tanto de todos los escándalos eclesiásticos de los últimos 300 años. Bucceroni le contó la historia de cómo un provincial español había ordenado un hombre ciego. Cerretti se lo dijo al Papa quien dijo, “Si un provincial jesuita puede ordenar a un ciego, supongo que el Papa también puede.” Y concedió la dispensa.


Agradecimiento especial a Lourdes Rodarte, smr y María Jesus Platero, smr por información sobre MM de St Sauveur.

El resto de la historia se compartirá periódicamente a lo largo del año.
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Concepción González Cánovas, smr., quien también lo tradujo al castellano.