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TESTIMONIO VOCACIONAL DE LA HERMANA Mª AMOR LANTARÓN
 
15/06/2017

 

TESTIMONIO VOCACIONAL DE  LA HERMANA Mª AMOR LANTARÓN

Nació en Renedo de Piélagos, un pueblecito de Santander (España)

 

Al pedirme mi testimonio vocacional, he comenzado a escribir y rebobinando…veo que han pasado muchos, muchos años pero veo que todo, visto desde esta perspectiva aparece más claro cómo empezó esta aventura.

Sí, lo recuerdo. Tenía 16 años cuando viví por primera vez el dolor: la muerte de una de mis hermanas, ella tenía 12 años, para mi esta experiencia fue muy fuerte. En aquellos tiempos se guardaba luto por los familiares cercanos. Yo estuve dos años sin salir con el grupo de amigas, que todos los domingos íbamos al cine, de paseo o a alguna romería…a veces, nos juntábamos con el grupo de chicos de nuestra edad.

Durante estos dos años, los domingos, a parte de asistir a la Eucaristía, rosario,…dedicaba el tiempo restante a la lectura a la que tenía mucha afición. Entre los libros que leí había uno “La joven y Cristo” y otros de la misma colección, que me fueron despertando cada vez más el deseo de conocer a Jesús y de relacionarme más con Él. Mi relación era dialogante y afectiva. Me ponía en su presencia y le hablaba, le hablaba… me gustaba la visita al Sagrario al atardecer, eran momentos íntimos y sentía que Jesús me pedía pequeños sacrificios por él y por los demás, por ej. Dejar de comprar algo para mí y dárselo a un pobre concreto. Era consciente que estas pequeñas exigencias iban en aumento y esto me asustaba un poco…

Al fin cumplí 18 años pero algo había cambiado en mí con relación a los chicos. Sentía que no debía dejarme “elegir” por ninguno hasta ver qué camino seguir. Todo esto lo vivía sin saber exactamente a donde me conduciría, lo vivía sola, a nadie le confiaba mis pensamientos, el sentido de “mis esperas” y la incertidumbre de mi futuro personal… Así pasaron cuatro años esperando ver claro y que ese Alguien con quien hablaba me dijera de manera precisa y concreta, “Ven y sígueme”. Y sucedió de esa manera: un día en el trabajo (trabajaba en una oficina) me encontré sorprendida con este pensamiento o sentimiento, como si alguien me sugiriese en mi interior: “Serás religiosa”. Me pregunté a mí misma, ¿pero de dónde me viene este pensamiento y este sentimiento, si jamás he hablado con nadie de este tema. Nunca traté con religiosas. Como dudaba que tuviera las cualidades para la vida religiosa, inmediatamente fui a ver al cura y le pregunté sin más preámbulos: ¿cree usted que tengo cualidades para la vida religiosa?. El cura me respondió: hace tiempo que esperaba esta pregunta, ¡cierto que sí tienes esas cualidades!, y lo siguiente: ¿dónde sientes que te atrae? ¿qué comunidad religiosa? Yo no lo sabía. Sólo quería responder a Dios y dónde Él quisiera, lo que más le gustase, también dije: las Misiones, pensé que eso le gustaría a Dios.

Comencé a conocer dos o tres congregaciones por los escritos de sus fundadores, o fundadoras, una de ellas fue las reparadoras. Leí cosas de la fundadora y cuando me encontré con: SER MARÍA PARA JESÚS me dije: “esto es lo que más le gusta a Dios, MARÍA”. Y fui a conocerlas y me gustó el trato de ellas, la reparación por la adoración al Santísimo y las Misiones. El ser María para Jesús, lo he ido descubriendo durante mi vida.

Al año siguiente entré en el noviciado y comencé esta aventura. El noviciado fue una verdadera prueba que me consolidó en la fe y en el seguimiento de Jesús. Con la espiritualidad reparadora conecté muy bien, pero echaba de menos el apostolado porque veía que eran muy pocas las hermanas reparadoras que se dedicaban a él. Y empezaron las dudas… gracias a Dios tuve ayudas que me hicieron superarlas. El Señor me fue enseñando y mostrando el camino: el descubrimiento de la presencia de la Trinidad en mí fue una experiencia muy fuerte de su Presencia en mí,  que he gozado y he seguido gozando desde entonces. También conocer a Jesús desde dentro, me fascinaba contemplar sus actitudes y sus sentimientos, la fe se fue arraigando más en mí, la humildad, el abandono y la confianza en El. Al mismo tiempo crecía en mí más y más el deseo de ir hacia  los más necesitados y me decía a mí misma, ¿por qué me pone Dios estos deseos si no puedo realizarlos…?

Los primeros 12 años viví en  clausura con poca relación con la gente de fuera…

Después del Vaticano II las dudas fueron desapareciendo para dar lugar a otra experiencia espiritual más encarnada. La presencia de Jesús en mí adquirió con fuerza otra dimensión, el encuentro con los pobres. Y así,  de lugar en lugar me he ido encontrando con ellos: pre-delincuentes, presos, drogadictos, familias desestructuradas, con pocos recursos humanos y sicológicos, violencia en las relaciones familiares, inmigrantes, sin papeles, sin techo, sin alimento y desde ahí y con ellos aprendí a ponerme en el lugar del otro, a con-padecer y a saber y sentir lo que es la solidaridad encarnada.

El compartir la fe y la vida con otros grupos de seglares y en las parroquias, las inquietudes por la justicia me han ido abriendo más horizontes de reparación.

Creo estoy en la última etapa de mi vida. Reconozco que Él ha estado siempre en mí, más que yo misma y que me ha ido llevando y me sigue llevando cada vez más hacia Él y hacia los otros, en un camino sin fin…

Después de este largo camino puedo decir que de nuevo me encontré con SER MARIA PARA JESUS en el mundo actual: abierta al mundo tanto cercano como lejano, abrazarlo en lo cotidiano, hacerme uno con él y  llevarlo a Dios para que sea Todo en todos.

Al terminar de escribir y releerlo me parece que no he sabido plasmar lo  esencial en este recorrido por mi vida.