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Experiencia personal Aitor Voluntariado Casa Betania Lima Per├║
 
09/11/2018

Experiencia personal Perú

 

¿Qué suena? ¿Qué suena? Eso nos preguntábamos cada mañana en un rinconcito grande de la capital Lima, ese gran lugar es La Ensenada. Lo que nos despertaba al amanecer era o bien el camión de la basura con su música mañanera o la señora que vendía tamales (desayuno típico peruano) como si de un pregón se tratara.

Pero ese era nuestro despertador, para mí el mejor despertador del mundo. Nos indicaba que era nuestra hora de ir al trabajo, o mejor dicho, la hora de prestar nuestra ayuda y nuestro corazón a las personas de aquel lugar tan encantador. Digo personas como si fuese a mucha gente, pero en realidad no puedes llegar a todas las gentes que necesitan de nuestra ayuda. La verdad que a lo largo de los días que estábamos allí se nos hacía más duro levantarnos de la cama, pero era más fuerte los corazones de la gente de La Ensenada que te empujaban y te daban fuerzas para continuar.

Nuestros días estaban llenos de felicidad y tristeza en cualquier momento, te podían llegar prácticamente al mismo tiempo los dos factores a la vez. Pero las personas que habitaban en La Ensenada siempre te regalaban una sonrisa, no es una sonrisa cualquiera, detrás de esa mueca alegre que se hace con los labios hay familias desestructuradas, soledad, pobreza, violencia, etc. Por ello, esa sonrisa vale más que cualquier otra.

El proyecto solidario de las hermanas de María Reparadora consiste en la elección de los problemas de la gente y ayudarles en todo lo posible. Y ahí entrabamos nosotros, personas solidarias de diferentes países del mundo (México, Francia, Irlanda, España y hermanas de María reparadora). Bajo la supervisión de nuestro “comandante” Manolo (es el que sabe de construcción de casas), nuestra misión era apilar todos los materiales para la construcción de una casa para una señora mayor, su antigua casa estaba apolillada y se hacía inhabilitable. Y por las tardes, realizábamos ludotecas con niños y adolescentes, hacíamos sus tardes después del colegio un tanto diferentes al resto del año, era muy gratificante. Al mismo tiempo, otros grupos de voluntarios iban a visitar a familias en sus casas, el objetivo era charlar con ellos y ayudarles en cosas del hogar, parece poco, pero ellos se conforman con media hora compartida con nosotros.

Personalmente, me llevo una experiencia muy importante para mi vida, me llevo momentos cargados de felicidad, momentos muy duros y tristes por las condiciones de vida que tienen allí, etc. No obstante, me voy con rabia por no poder solucionar nada, nuestra ayuda solo llega a unos pocos, pero me voy a la vez tranquilo porque las hermanas de María Reparadora, Manolo, Cristina y los voluntarios de la zona se quedan allí, son realmente las que ayudan a esas personas diariamente y sin cesar, sin ellos los lugareños tendrían más problemas para vivir. Tampoco quiero olvidarme de todos los voluntarios, misioneros y religiosas del mundo entero que dan su vida por todo el que lo necesita.

Muchas gracias por darme esta oportunidad.

Aitor.