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21 puntos de reflexión y propuestas para la protección de los menores y la lucha contra los abusos
 
21/02/2019

 https://www.revistaecclesia.com/category/especiales-ecclesia/cumbre-vaticana-contra-la-pederastia/ 

El Papa Francisco , invoca al Espíritu Santo para la cumbre antiabusos, jueves 21 de febrero de 2019                                  

Pedimos al Espíritu Santo que nos apoye en estos días y que nos ayude a transformar este mal en una oportunidad para la conciencia y la purificación.

Esta mañana, a las 9:00 se han abierto los trabajos del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, que se desarrollan en el Aula nueva del Sínodo en el Vaticano hasta el 24 de febrero de 2019, presididos por el Santo Padre Francisco.  

Participan en el encuentro los presidentes de las conferencias episcopales de la Iglesia Católica, los jefes de las Iglesias Católicas Orientales, los representantes de la Unión de Superiores Generales y de la Unión Internacional de Superioras Generales, miembros de la Curia Romana y el Consejo de Cardenales.

Después de la oración inicial, el Santo Padre ha pronunciado un discurso al que siguieron las intervenciones de S.E. el cardenal Luis Antonio Tagle y de S.E. Mons. Charles Jude Scicluna y los trabajos en grupo.

Introducción del Santo Padre

Queridos hermanos. Buenos días.

Ante el flagelo del abuso sexual perpetrado por hombres de Iglesia contra menores de edad, he querido interpelaros a todos vosotros, patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables, para que juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y dóciles a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia. En este encuentro sentimos el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial, que nos obliga a discutir juntos, de manera sinodal, sincera y profunda, sobre cómo enfrentar este mal que aflige a la Iglesia y la humanidad. El Pueblo santo de Dios nos mira y espera de nosotros, no solo simples y obvias condenas, sino disponer medidas concretas y efectivas. Es necesario concreción.

Así pues, comencemos nuestro camino armados con la fe y el espíritu de máxima parresía, valentía y concreción.

Como ayuda, me gustaría compartir con vosotros algunos criterios importantes, formulados por las distintas Comisiones y Conferencias Episcopales —han llegado de vosotros, solo los he enumerado un poco—. Se trata de unas líneas orientativas para ayudar a nuestra reflexión, y que os serán entregadas ahora. Son un punto sencillo de partida, que viene de vosotros y vuelve a vosotros, y que no quita la creatividad que debe tener este encuentro.

También en nombre vuestro, me gustaría agradecer a la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a los miembros del Comité organizador por el excelente trabajo realizado con gran esfuerzo en la preparación de esta reunión. Muchas gracias.

Finalmente, le pido al Espíritu Santo que nos sostenga en estos días y que nos ayude a transformar este mal en una oportunidad para la toma de conciencia y para la purificación. Que la Virgen María nos ilumine para tratar de curar las heridas graves que el escándalo de la pedofilia ha causado tanto en los niños como en los creyentes. Gracias.

21 puntos de reflexión y propuestas para la protección de los menores y la lucha contra los abusos  

Publicamos a continuación algunos puntos formulados por las diferentes Comisiones y Conferencias Episcopales como contribución a la reflexión en el curso de los trabajos del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”:

Publicamos a continuación algunos puntos formulados por las diferentes Comisiones y Conferencias Episcopales como contribución a la reflexión en el curso de los trabajos del Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”.

PUNTOS DE REFLEXIÓN

  1. Elaborar un vademécum práctico en el que se especifiquen los pasos  a seguir por la autoridad en todos los momentos clave de la aparición de un caso.
  2. Proveerse de estructuras de escucha, compuestas por personas capacitadas y expertas, donde se realiza un primer discernimiento de  los casos de presuntas víctimas.
  3. Establecer criterios para la implicación directa del Obispo o del Superior Religioso.
  4. Implementar procedimientos compartidos para el análisis de las acusaciones, la protección de las víctimas y el derecho de defensa de los acusados.
  5. Informar a las autoridades civiles y a las autoridades eclesiásticas superiores de acuerdo con las normas civiles y canónicas.
  6. 6. Revisar periódicamente los protocolos y normas para salvaguardar un ambiente protegido para los menores en todas las estructuras pastorales; protocolos y normas basados en los principios de la justicia y la caridad, y que deben ser integrados para que la acción de la Iglesia, también en este campo, se ajuste a su misión.
  7. Establecer protocolos específicos para el manejo de las acusaciones contra los Obispos.
  8. Acompañar, proteger y atender a las víctimas, ofreciéndoles todo el apoyo necesario para su completa sanación.
  9. Aumentar la conciencia de las causas y consecuencias del abuso sexual a través de iniciativas de formación permanente de obispos, superiores religiosos, clérigos y agentes pastorales.
  10. Preparar caminos para la atención pastoral de las comunidades heridas por los  abusos, así como caminos penitenciales y de recuperación para los culpables.
  11. Consolidar la colaboración con todas las personas de buena voluntad y con los medios de comunicación para poder reconocer y discernir los casos verdaderos de los falsos, las acusaciones de las calumnias, evitando rencores e insinuaciones, rumores y difamaciones (cf. Discurso a la Curia Romana, 21 de diciembre de 2018).
  12. Elevar la edad mínima para contraer matrimonio a 16 años.
  13. Establecer disposiciones que regulen y faciliten la participación de expertos laicos en las investigacionesy en los diferentes grados de juicio de los procesos canónicos sobre abuso sexual y/o de poder.
  14. El derecho a la defensa: también es necesario salvaguardar el principio de derecho natural y canónico de la presunción de inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad del acusado. Por lo tanto, es necesario evitar la publicación de las listas de los acusados, incluso por parte de las diócesis, antes de la investigación previa y la condena definitiva.
  15. Respetar el principio tradicional de proporcionalidad de la pena con respecto al delito cometido.Dictaminar que los sacerdotes y obispos culpables de abuso sexual de menores abandonen el ministerio público.
  16. Introducir reglas concernientes a los seminaristas y candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa. Para esto, introducir programas de formación inicial y permanente para consolidar su madurez humana, espiritual y psicosexual, así como sus relaciones interpersonales y su comportamiento.
  17. Para los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, se ha de realizar una evaluación psicológicapor parte de expertos cualificados y acreditados.
  18. Indicar las normas que rigen el traslado de un seminarista o de un aspirante religioso de un seminario a otro; así como de un sacerdote o religioso de una diócesis o congregación a otra.
  19. Formular códigos de conducta obligatorios para todos los clérigos, religiosos, personal de servicio y voluntarios, con el fin de definir límites apropiados en las relaciones personales. Especificar los requisitos necesarios para el personal y los voluntarios, y verificar sus antecedentes penales.
  20. Ilustrar toda la información y datos sobre los peligros del abuso y sus efectos, sobre cómo reconocer las señales de abuso y cómo denunciar a las sospechas de abuso sexual. Esto debe hacerse en colaboración con los padres, profesores, profesionales y las autoridades civiles.
  21. Donde aún no se ha hecho, es necesario instituir un organismo de fácil acceso para las víctimas que deseen denunciar los delitos. Un organismo que goce de autonomía también con respecto a la autoridad eclesiástica local, y que esté compuesto por personas expertas (clérigos y laicos), que sepan expresar la atención de la Iglesia a aquellos que, en este campo, se consideran ofendidos por actitudes inadecuadas por parte de clérigos.