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New York 100 years - Annie Leary: A Golden-Hearted Countess
 
04/06/2008

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Annie Leary: La condesa con corazón de oro

La siguiente narración está basada en varios documentos de los archivos de la Congregación; documentos históricos relativos a la Condesa Annie Leary; artículos de periódico, mapas, y fotografías de la ciudad de Nueva York en el año 1908; información variada colectada en el Internet; y el tomo voluminoso Présentation Historique de la Société de Marie Réparatrice (1818-1953), by Henri de Gensac S.J. La imaginación de la escritora ha llenado los vacíos

‘No vas a creer lo que te voy a decir! He encontrado la perfecta congregación de hermanas para organizar todas las obras conectadas con La Liga Artística Pío X!’ La señorita Margaret Dewey Brady estaba tan excitada que casi no podía contenerse. Estaba sentada en el borde de una silla frente a Annie Leary, su amiga de muchos años en la amplia sala del número 3, Quinta Avenida cuyas elegantes ventanas se abrían hacia la Plaza Washington. Sus figuras se reflejaban en los cuatro grandes espejos de marco dorado colgados en las paredes.

‘Dime, dime. Deseo ardientemente que esta misión prospere!’, dijo Annie inclinando todo su cuerpo hacia su amiga.

‘Como tú sabes’, continuó Margaret, ‘durante mi viaje a Europa visité Florencia. Por casualidad, o mejor dicho, por providencia divina, no lejos de la Iglesia Santissima Annunziata, encontré un convento. Entré en una capilla que te hubiera hecho llorar de alegría. El Santísimo Sacramento estaba expuesto; velas, flores y luces rodeaban el altar y la custodia. Al pie del altar dos hermanas estaban arrodilladas en reclinatorios, sus espaldas derechas, sus miradas fijas en la Eucaristía. Permanecí en la capilla por largo tiempo; no podía ni pensar en dejar ese oasis y salir de nuevo a la calle ruidosa. Otras dos hermanas entraron silenciosamente, como flotando. Vestían hábitos blancos, velos y escapularios azules, capas y un largo velo que llegando hasta el suelo también les cubría la cara. Me di cuenta que las hermanas se reemplazaban unas a otras cada treinta minutos. Las dos que habían estado arrodilladas se levantaron y las cuatro hicieron la genuflexión en dos rodillas al mismo tiempo. Era como una danza sagrada. Las recién llegadas tomaron el sitio al pie del altar y las otras dos salieron por una puerta lateral. Te digo Annie, era precioso!’

‘¿Aprendiste algo más sobre esa Orden?’

‘Ciertamente! Después de pasar tiempo en la capilla fui a la portería del convento y pedí hablar con la superiora. No vas a creer su nombre, Mère Marie de Nôtre Dame des Prodiges! Por supuesto, ella no hablaba ingles pero mi francés es muy bueno y pudimos tener una buena conversación.

‘Y…’

‘Aprendí que la congregación, Sociedad de María Reparadora, fue fundada en Francia en 1857 por una condesa como tú. Ya tienen 45 conventos, incluyendo dos en México. Emilie d’Oultremont d’Hoogvorst, la fundadora, era hija de un conde belga, no condesa nombrada por el Papa.

‘¿La superiora mostró interés en venir a los Estados Unidos?’

‘Si! Me dijo que la superiora general y varias otras hermanas quieren una fundación en New York. Actualmente están en conversación con el obispo de la Habana ya que han sido invitadas a Cuba por los jesuitas. New York es el lógico pied à tèrre. La Habana, New York y México forman un triangulo perfecto. Las hermanas también están enteradas de la solidez de la iglesia católica en los Estados Unidos; de las condiciones de los inmigrantes y desde luego, de la generosidad de la gente.’

‘Amiga mía, tú sabes cuánto amo a Jesús en el Santísimo Sacramento pero la misión de la calle Charlton es trabajar por el mejoramiento de las mujeres y niños inmigrantes italianos. Además de rezar, ¿que más hacen esas hermanas?’

‘Las hermanas son de semi clausura, así que realizan todos sus trabajos en sus conventos. El convento que yo visité fue abierto hace solo cuatro años, en noviembre 1901; sin embargo, ya han establecido programas catequéticos para niños y adultos; clases para empleadas domésticas y para jóvenes trabajadoras; retiros para señoras y clases de instrucción para personas que se quieren convertir a la fe católica. También tienen varios grupos de adoración al Santísimo Sacramento. Como medio de ganarse la vida, hacen ornamentos, purificadores, corporales, palios y manteles de altar. También los donan a iglesias pobres y a misioneros.

‘¿Estas hermanas son italianas?’

‘Algunas son italianas. Otras son francesas, españolas, inglesas, irlandesas e incluso belgas, como la fundadora.’

Annie guardó silencio por un rato, sus ojos penetrantes perdidos en el juego de luces reflejado en el espejo colgado a su izquierda. ‘Mi querida amiga’ dijo, ‘todo esto me hace muy feliz. Veo muchos de mis propios intereses reflejados en su espiritualidad, según tú la describes: la preocupación por los pobres, el amor a la eucaristía, la atención a las necesidades de las mujeres y los niños. Puede que sirva, sí, puede que sirva.’

Ahora tal vez se estarán preguntando quién era Annie Leary y por qué estaba interesada en traer las Reparadoras a los Estados Unidos de América.

Annie Leary nació en 1932, la segunda de seis hijos de James y Catherine Leary. La familia Leary era originalmente de Irlanda pero estaba establecida en New York durante al menos dos generaciones. Cuando Annie nació su padre era un próspero hombre de negocios que pudo mandar a sus dos hijas y cuatro hijos a los mejores colegios privados. James Leary era socio de John Jacob Astor, uno de los hombres más ricos en los Estados Unidos. Es sorprenderte saber que Leary y Astor amasaron una gran fortuna comprando y vendiendo pieles de castor que eran usadas para hacer los sombreros de copa usados por todos los caballeros en Europa y America. La demanda de pieles de castor era tan alta que los castores fueron casi exterminados en Norte America. Leary tenía también una fábrica de sombreros en la que daba empleo a inmigrantes irlandeses; allí creó un proceso que revolucionaría la industria fabricando sombreros más baratos hechos con piel de nutria. Cuando el mercado europeo comenzó a preferir sombreros hechos de seda, Leary fue el primero en introducirlos en el mercado norteamericano. Su sombrerería era la más elegante en Chatham Square y luego en Hannover Square en New York. James Leary era considerado el “arbitro de la moda del sombrero” en la ciudad. A su muerte dejó toda su fortuna a su hija soltera Annie, y ni siquiera un centavo a sus otros cinco hijos.

Una búsqueda de las páginas sociales del New York Times menciona a Annie en las listas de todas las fiestas de moda y en todas las asociaciones caritativas. Daba fiestas continuamente en su casa palaciega en la ciudad y durante el verano en Paul Cottage, en Newport, Rhode Island, que compartía con su hermano Arthur, también soltero. A Annie le encantaba la música y asistía continuamente a la opera. Sus soirées musicales ofrecían la mejor música de cámara y artistas populares como Enrico Caruso.

Sus viviendas estaban amuebladas elegantemente con alfombras persas, arañas de cristal, y sesenta y ocho inmensos espejos de marco dorado. El 20 de agosto de 1905, el periódico New York Times la describe en ropa de fiesta: “Miss Leary es elegantemente visible en su vestido largo de satín blanco de cuello alto, con mangas al codo drapeadas con encaje antiguo, y un pequeño adorno de cabeza hecho de plumas de avestruz y cinta de satín blanco”.

Cuando su hermano Arthur, descrito como un “Beau Brummell”, un dandy, uno de los hombres más conocidos en negocios y en la sociedad, murió en 1983, le dejó una inmensa fortuna. En ese tiempo la riqueza de Annie era calculada entre cinco y veinte millones de dólares.

Mencionada muchas veces en las páginas sociales por sus fiestas suntuosas, Annie es mencionada mucho más por su generosidad hacia la iglesia católica y por sus esfuerzos en aliviar la situación de los pobres y los enfermos. Su amor a la eucaristía la impulsó a donar altares a iglesias pobres en los Estados Unidos y Europa. Después de la muerte de su hermano Arthur construyó una capilla en su nombre en la propiedad del Hospital Bellevue, el más antiguo y pobre de la ciudad. Al mismo tiempo creó la Misión Arthur Leary para atender pacientes indigentes, proporcionándoles acceso a los sacramentos, y ofreciéndoles libros, artículos de cuidado personal, café y cigarrillos. Fue vicepresidenta de Stony Wold, un sanatorio construido especialmente en las montañas Adirondack para el cuidado de pacientes tuberculosos pobres. Era también vicepresidenta del Flower Guild (Asociación de las Flores), dedicada a crear pequeños jardines para los niños de los barrios más pobres de la ciudad. Annie contribuyó una considerable suma de dinero para facilitar el establecimiento de la comunidad de los Padres del Santísimo Sacramento en New York en el año 1900. Poco después de su llegada de Montreal, el arzobispo Corrigan les encomendó la iglesia Saint Jean Baptiste, al servicio de los católicos de habla francesa, donde continúan su ministerio hasta el día de hoy. Por sus buenas obras, el Papa León XIII le confirió el título de Condesa el 11 de octubre de 1901; el Papa Pío X mas tarde reconfirmó el titulo.

La patria de Annie, los Estados Unidos de América, la “tierra de oportunidades”, era un imán para los pobres del mundo. En los años entre la segunda mitad del siglo diecinueve y la primera mitad del siglo veinte, la ciudad de New York fue transformada por el influjo de inmigrantes: irlandeses católicos de áreas rurales huyendo de la Hambruna de la Patata; campesinos italianos con muy poca educación escapándose de un país superpoblado, azotado por desastres naturales, y con salarios bajos; rusos huyendo de las persecuciones contra la comunidad judía; y alemanes atemorizados por el constante tumulto político de su país. En 1925 New York era la ciudad más populosa del mundo con seis millones de habitantes. Cada ola de inmigrantes ejercía nueva presión sobre la infraestructura de la ciudad mientras que habitación adecuada para los pobres era prácticamente inexistente. Olmsted y Vaux, los planificadores del Parque Central, concibieron la idea de un parque democrático, un “parque para todo el mundo” con una extensión de 843 acres (4.1 Km. × 830 m) en el centro de Manhattan. El parque se convirtió en realidad en 1857 proporcionando a todos los habitantes de la ciudad abarrotada espacio verde en el que podían descansar y jugar. El Subway, abierto en 1904, ayudó a unir la ciudad ofreciendo transporte rápido y barato.

La situación de los inmigrantes italianos a finales del siglo diecinueve era particularmente nefasta. En 1850 había 833 italianos en la ciudad; en 1910 había casi un cuarto de millón. Setenta y ocho por ciento de estos inmigrantes eran hombres solos viniendo a América con la esperanza de ganar suficiente dinero en unos cuantos años de trabajo para regresar a Italia a sus familias. La mayoría se establecieron en la parte baja de Manhattan viviendo en  casas de vecinos, edificios estrechos de cuatro o cinco pisos, con mala iluminación, ventilación inadecuada, y a menudo sin agua o desagüe. La tuberculosis, el tifus y la cólera diezmaban la población regularmente. La siguiente cita esta tomada del libro How the Other Half Lives (Como vive la otra mitad), escrito por Jacob Riis periodista investigador que comenzó una campaña para exponer y cambiar las situaciones abusivas en que se encontraban los inmigrantes:

En un cuarto que no contaba siquiera trece pies en cada dirección dormían doce hombres y mujeres, dos o tres en literas empotradas en una especie de nicho, el resto en el suelo. Una lámpara de keroseno ardía pobremente en el aire enrarecido, probablemente para guiar otros a sus camas, ya que era solo cerca de medianoche. El llanto ansioso de un bebé vino del pasillo adjunto, donde, en la semioscuridad, se podían distinguir tres figuras acostadas. El apartamento era uno de los tres que habíamos encontrado en menos de media hora en dos edificios contiguos. La mayoría de los hombres eran huéspedes que dormían allí pagando 5 centavos por sitio.

La mayoría de los hombres trabajaban en construcción pesada, cavando túneles, creando puentes e instalando las tuberías para el gas de la ciudad. Las mujeres y los niños hacían trabajo a destajo en sus casas o eran hurgadores de basura en busca de huesos, latas, o pedazos de tela que pudieran para lavar y vender. Desafortunadamente, a menudo los “padrones” acrecentaban su miseria reclamando una parte de sus magras ganancias.

Annie, completamente consciente de la terrible vida que los italianos sobrellevaban en New York, tomó como su más querido proyecto la educación de los niños inmigrantes italianos y la protección de sus madres. A comienzos de la década de los 80 fundo una misión servida por sacerdotes italianos donde se daban clases de costura  y se enseñaba el catecismo. A medida que los participantes aumentaban, compró un edificio en la esquina de las calles Bleecker y Downing que más tarde se convirtió en la iglesia parroquial Madonna de Pompeii. En 1905 adquirió la primera de tres casas contiguas en Charlton Street para comenzar La Liga Artística Pío X, un sueño para el que tenia grandes planes.

Desde su niñez, Annie Leary tenia “devoción” a Cristóbal Colón a quien admiraba no sólo por su papel en el “descubrimiento” de América sino también por traer la fe católica al Nuevo Mundo. En parte esta admiración por Colón motivo la acción de Annie a favor de sus compatriotas. Aunque hoy nos parezca extraño, esta interpretación de Colón era típica de los tiempos. Ese punto de vista llevó, por ejemplo, a la fundación de los Caballeros de Colón, la mayor organización católica de ayuda en el mundo, establecida en los Estados Unidos en 1882.

El resto de la historia se compartirá periódicamente a lo largo del año.

Concepción González Cánovas, smr., quien también lo tradujo al castellano

Annie Leary Annie Leary Annie Leary Annie Leary

Shopping on Mulberry
Street late 19th century

Doing piecework
at home

New York slum late
19th to early 20th century

Ragpicker holding her baby,
New York late 19th century

       
Annie Leary Annie Leary Annie Leary

5th Avenue mansions, Leary’s house is the
last one on the right

The wealthy
take a ride

Birds-eye-view of
lower Manhattan