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Nueva York hace cien años - Acuerdos & Desacuerdos
 
19/08/2008

Leer ms sobre "New York - 100 aos"

La siguiente narración está basada en varios documentos de los archivos de la Congregación; documentos históricos relativos a la Condesa Annie Leary; artículos de periódico, mapas, y fotografías de la ciudad de Nueva York en el año 1908; información variada colectada en el Internet; y el tomo voluminoso Présentation Historique de la Société de Marie Réparatrice (1818-1953), by Henri de Gensac S.J. La imaginación de la escritora ha llenado los vacíos.

“El puerto estaba bloqueado y la navegación paralizada por la mayor acumulación de bloques de hielo que se había experimentado en años. Cerca de Sandy Hook, a la entrada del puerto de Nueva York, cientos de pasajeros descendieron de los barcos atrapados en el hielo y caminaron media milla sobre hielo sólido para alcanzar la costa de New Jersey.”  Con estas palabras, Jim Rasenberg, el autor de America, 1908: el Amanecer del Vuelo, la Carrera al Polo, la Invención… describe la mañana del domingo 9 de febrero, 1908. En este día, once días después de zarpar de Nápoles, el SS Cedric llegó a Nueva York. Presumimos que el Cedric no tuvo dificultad en llegar a su muelle porque nuestra hermanas no mencionan en sus cartas la caminata sobre el hielo! La Estatua de la Libertad erigida en la isla Bedloe,   regalo del pueblo francés, dio la bienvenida al barco a su entrada en el puerto. MM de S. Matthieu y MM de Ste Véronique Giuliani, envueltas en sus capas de viaje, se recostadas en la baranda contemplaban la escena. Para su primera impresión, la ciudad de Nueva York se mostraba envuelta en un ligero velo de nieve en la fría y clara luz. Durante el largo proceso de amarre e inspecciones Véronique y Matthieu abrieron sus corazones a Dios creando amplio espacio para acoger esta ciudad inmensa; la desconocida condesa que las había invitado a venir; el arzobispo que tenían que contactar cuanto antes; la gente a quienes servirán eventualmente; y también los sonidos, los aromas, la actividad incesante, y el acento gangoso del inglés hablado en la ciudad.

La señorita Margaret Dewey Brady, antigua amiga de la Condesa Annie Leary, que había visitado a las reparadoras en Florencia, las recibió con gran alegría. Sus baúles y equipaje de mano fueron cargados en el carruaje que las esperaba y partieron rebotando en los adoquines y a través de calles sin pavimentar surcadas por las ruedas de los carros, las carretillas de mano, y las innumerables huellas estampadas en el barro y la nieve a medio derretir por los cascos de los caballos y los pies de los transeúntes. Se dirigieron directamente a la calle Charlton número 49, una de las tres casas vecinas propiedad de la condesa. Estas casas formaban el núcleo del “Instituto Artístico e Industrial  Cristóbal Colon” cuyo objetivo era dar una educación cristiana sólida y formación en las artes y oficios a los niños de los emigrantes italianos. Después de muchos años de trabajo preliminar, el Instituto había sido dedicado solemnemente por el arzobispo Farley en Junio 22, 1907. En esa ocasión el Papa Pío X envió esta bendición especial: “A nuestra bien amada hija, la Condesa Annie Leary, sobre quien imploramos de nuestro Señor la plenitud de felicidad por su caridad, y le impartimos la bendición apostólica.” La señorita Brady, que estaba encargada de la dirección del Instituto, vivía en el numero 49. Miss Leary había preparado la casa número 53 para las hermanas pero ellas no la podían ocupar hasta después de obtener la autorización del arzobispo.

SMRCharlton era una calle tranquila y distinguida en Greenwich Village en el borde noroeste de Little Italy, un vecindario en Lower Manhattan donde la mayoría de los inmigrantes recién llegados se establecían, tal vez por su proximidad a los muelles. En la foto de la derecha, tomada en 1908, el numero 49 es la segunda casa de la esquina, al lado de la farmacia.

Con piernas débiles, traspasadas de frío y muertas de cansancio, Véronique y Matthieu comieron una cena sencilla y agradecidas se retiraron a sus habitaciones donde desempacaron las cosas esenciales.

El lunes 10 de febrero, en el aire helado de la mañana, se dirigieron a la cercana Parroquia de San Antonio de Padua donde participaron en su primera celebración eucarística en suelo Norteamericano. Pasaron el resto de la mañana escribiendo cartas a MM de S Mauricio y a sus familiares. La Condesa Leary las esperaba a las 4 de la tarde en su mansión en la Quinta Avenida y la calle 84. Tal vez la condesa envió su carruaje o también es posible que ellas alquilaran uno de los nuevos taxis motorizados. De camino a la condesa se detuvieron en la oficina del arzobispo en la calle 51 y Madison Avenue para solicitar una entrevista la cual fue concedida para la mañana siguiente.

De camino a la oficina del arzobispo, contigua a la nueva catedral de San Patricio, rodearon la plaza Washington tomando la Quinta Avenida norte, la dirección en la que la ciudad estaba creciendo. En el borde sur del Parque Central el nuevo Hotel Plaza relucía en el sol reflejado en sus más de 800 ventanas. Continuaron adelante por 33 calles más, el precioso Parque Central a su izquierda, hasta llegar a la mansión de la condesa, construida hacía solamente cuatro años.

SMREn una copia de la carta escrita por MM de Ste Véronique a la MM de S Mauricio el miércoles 12 de febrero, 1908 Véronique cuenta la primera visita a la condesa; su encuentro con su compañero de viaje Patrick Riordan, arzobispo de San Francisco; y su visita al arzobispo Farley. Desafortunadamente, la segunda página de la carta falta y tal vez una pequeña sección hacia el final, sin embargo, es mejor dejar que Véronique nos cuente sus experiencias en sus propias palabras. Lo que sigue son pasajes de su larga carta escrita al final de un día muy largo.

Mi muy reverenda y bien amada Madre,
La paz de Jesús!

SMRComo le decía en mi última carta del pasado lunes, íbamos a tener nuestra visita con la Condesa Leary ese mismo día entre las 4 y las 6 de la tarde. Vengo a darle los detalles de este primer encuentro. La buena condesa nos recibió con los brazos abiertos como una verdadera madre. Esta muy contenta de vernos y considera nuestra llegada totalmente providencial. Se alegró de saber que, como usted no podía venir en persona, me mandó a mí en su lugar para hablar con ella y ver al arzobispo; entiende perfectamente que yo no puedo permanecer aquí. No parece tan mayor… (La página perdida)
… Le encantó la bonita cruz de Jerusalén que le di en su nombre; se puso muy contenta.

El día 11, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, Véronique y Matthieu fueron de nuevo a Misa a la iglesia de San Antonio de Padua. Después del desayuno y con plegarias ardientes para obtener sabiduría se encaminaron hacia la oficina del arzobispo. Al llegar les dijeron que estaba ocupado con una reunión del clero y que no podía recibirlas. Les dieron una cita para el día siguiente a las 10:30. Afortunadamente, el viaje no fue pérdida total porque “…pudimos ver a nuestro buen arzobispo de San Francisco quien nos recibió muy amablemente y nos dijo que él había hablado al arzobispo en nuestro favor; éste a su vez le contó los proyectos de la Condesa Leary.”

El miércoles 12 finalmente se entrevistaron con el arzobispo Farley. Después de esta visita fueron a ver a la condesa. Leamos de nuevo las palabras de MM de Ste Véronique aunque falta parte del texto original:

…Que ella (MM de S Sauveur) debía haber ido a verlo. Yo le contesté que la superiora de México estaba en Nueva York de camino a visitar nuestra comunidad de Cuba y que nosotras deseábamos que ella aprovechara esta ocasión para ver a la condesa a la que no conocíamos anteriormente. Ella también había querido visitar a su Excelencia pero que la condesa quería ser la primera en hablar con él. Ella le pidió que guardara el secreto, si no le hubiéramos escrito a él desde Roma. El encontró que nuestros procedimientos son irregulares. Yo hice lo mejor que pude para asegurarle que el propósito de nuestro viaje es precisamente hablar con él y que no hemos entrado en la casa que la condesa ha preparado para nosotras y que nos habían aconsejado repetidamente que viniéramos en persona a negociar con él. Entonces hablamos de nuestro estilo de vida, y una de las primeras cosas que dijo fue, “hay aquí un convento de religiosas que se ha separado de ustedes.” Yo dije solamente que esas religiosas tienen un estilo de vida muy diferente al nuestro; ellas son misioneras y salen. No dijimos nada más sobre este punto. Lo que realmente le gustó fue saber que no somos Mendicantes, que proveemos para nosotras mismas y que no seremos una carga. El nos dijo que una señora italiana trajo una comunidad religiosa y luego las abandonó, no hizo nada más por ellas. Y agregó: “La Condesa Leary no las tratará así.” La conclusión de la visita fue muy satisfactoria, porque me dijo que le dijera a la condesa que él desea que ella venga a verlo en nuestra presencia para que esté claro lo que ella desea hacer por nosotras para que todo esté en orden. Solamente entonces nos dará su autorización por escrito para que yo se la envíe a usted. Le dí las gracias y le dije que esto es exactamente lo que usted desea para que todas las condiciones estén expresadas claramente. Nos despidió, bendiciéndonos amablemente, y llamándonos “querida hija”. Al salir agradecimos a nuestro Señor y a la Virgen de Lourdes por este final feliz. Los pocos momentos dolorosos son nada, valen la pena. Estamos dispuestas a aceptar más pequeñas molestias, si es necesario.

Cada día veo más claramente que usted estuvo bien inspirada en enviarnos; de otro modo tal vez nunca hubiéramos tenido éxito. El arzobispo le dijo a la condesa hace varias semanas que pasarían al menos dos años antes de aceptar nuestra venida. Ayer ella entendió la razón. Al parecer la catedral tiene una gran deuda y él quiere recaudar todo el dinero necesario para pagarla. El pide grandes sacrificios del clero en orden a recaudar los fondos necesarios. Conociendo la generosidad de la condesa probablemente también quería tener su dinero porque como dice ella misma, quien sabe si ella estará en este mundo dentro de dos años.

La condesa quería vernos en la tarde, después de nuestra visita al arzobispo. Yo le di el mensaje de su Excelencia. Ella no expresó ninguna dificultad concerniendo la entrevista que él quiere. Me dijo que nosotras estamos totalmente bajo su cuidado para todo, absolutamente todo lo que podamos necesitar. Ella pagará por nuestro viaje y por mi viaje de regreso. Ayer por la mañana me envío un pequeño regalo de $50.00 (250 francos). Lo primero que hice fue hacer celebrar una Misa de acción de gracias. Hablando sobre las casitas, no tuve dificultad en hacerla entender que una casita no será suficiente para arreglar todo lo que necesitamos para tener una comunidad pequeña, que necesitaremos la segunda casa. “Muy bien,” respondió, “la tendrán; les daré todo lo que necesiten incluso lo que llevo puesto, si es necesario. Las Religiosas de María Reparadora nunca sufrirán conmigo.” Ella es realmente encantadora, un corazón de oro, nos quiere mucho y cree que le pertenecemos. Le aseguro, Madre, que somos muy afortunadas en tener a alguien como ella para esta fundación. Si conquistamos su corazón, haremos con ella lo que queramos. A pesar de sus 84 años (Hay una discrepancia en la edad. En 1908 la condesa tenia 76 años) encuentro que tiene una memoria excelente; no olvida el más pequeño detalle de nuestra casa, y afortunadamente para nosotras se da cuenta de lo que necesitamos. Ella ve que nosotras somos personas bien educadas y desea que seamos tratadas como corresponde. Notamos que cada día el servicio es menos primitivo. Nos ha dicho que quiere construir para nosotras un convento y una iglesia en el centro de la ciudad. Nuestras casitas son sólo el comienzo. Encuentra que nuestra vida es perfecta, todo lo que ella había deseado. Pero tiene un gran deseo de establecer en nuestra casa y también en Roma la Cruz de Cristóbal Colon! Yo creo que la podremos complacer fácilmente nombrando el programa de instrucción religiosa para los niños “El trabajo de la Santa Cruz de Cristóbal Colon.” Este es su punto débil, cuando empieza a hablar de esto no tiene fin. No hay nada que hacer sino dejarla hablar por largo tiempo. Desea que entre las hermanas que vendrán haya una italiana, y también alguien que pueda enseñar a hacer encaje, bordado, dibujo y pintura, le digo esto para ayudarla a decidir a quien desea usted enviar. Es claro que ella pagará por todos los viajes. El primer día ella le dijo a MM de S Matthieu que no quiere ninguna francesa, que hay demasiados franceses en Nueva York, aunque a mí me dijo que no importa la nacionalidad de las que vendrán. Es necesario complacerla en todo lo posible; ella vale la pena.

Al terminar la visita todavía tenían en enfrentase con el largo viaje de regreso a la casa en el crepúsculo de comienzos de febrero. Ese viaje debió ser muy tedioso a causa del tráfico generado por el comienzo de la Gran Carrera automovilística de Nueva York a Paris vía el Polo Norte! El tiempo era mucho más agradable y la ciudad estaba entusiasmada. Miles de personas se habían congregado cerca de Times Square para despedir los seis equipos cuya jornada duraría 164 días. Una vez en casa, después de haber pasado entre la muchedumbre, el día no había terminado aún y esta larga carta tenía que ser escrita para poder mandarla el día siguiente; hacia el final percibimos la emoción y la añoranza.

Estoy muy contenta con MM de S Matthieu; nos llevamos muy bien y su salud ha mejorado. Les cae bien a todos y yo creo que ella encajara muy bien aquí. Nosotras dos estamos admiradas de estar tan bien. Y es a través de sus oraciones que estamos recibiendo tanta ayuda. Hace solamente cuatro días que llegamos y parece mucho más; hemos hecho tantas cosas; hemos visto tanto en tan poco tiempo que nuestras cabezas están repletas. Gracias a Dios ya no hay tanto frío. Cada mañana vamos a Misa a la iglesia de San Antonio que es la más cercana a nosotras, a unos diez minutos de aquí; la sirven los Padres Franciscanos. Siento que esta sea nuestra parroquia. Las Franciscanas Misioneras están en esta misma parroquia, enfrente de la iglesia. Su casa no se ve tan bonita como la nuestra y nuestra calle es mucho más agradable.

Aquí esta mi larguísima carta. Espero que pueda leer mis garabatos. Quería contarle todo. Se me hace tan largo el tiempo sin saber de usted. Hace 17 días que salimos de Roma pero parece mucho más tiempo.

Al día siguiente, antes de cerrar la carta Véronique tiene unos cuantos detalles que añadir:

(Falta parte del texto)…que todo irá bien y que él estará contento de recibirnos. Sin embargo, Madre, yo creo que tenemos que dar gracias nuestro Señor por habernos encontrado con el arzobispo de San Francisco, que tanto aprecia las Comunidades Religiosas y pudo hablar en nuestro favor al Arzobispo Farley, porque yo creo que él no estaba muy bien dispuesto con respecto a nosotras. La Condesa estaba tan excitada cuando supo que nosotras íbamos a venir y que iba a poder realizar el proyecto al que se ha comprometido que fue inmediatamente a decirselo al Arzobispo quien respondió: “Bien, se regresaran al lugar de donde han salido.” Pero ella lo calmó, diciéndole: “Pero ellas vienen solamente a pedir la autorización de su Excelencia.” El arzobispo Riordan nos aseguró que cuando el Arzobispo (Farley) le dijo a la condesa que tendríamos que regresar al lugar de donde salimos ella le dijo: “Ciertamente no, ellas se quedaran aquí aunque yo tenga que vender la ropa que traigo puesta!” Ella se le enfrentó y en lo profundo él quiere conservar su amistad porque ella ha hecho tanto por él.

Finalmente la despedida:

Espero que mi próxima carta le traiga el documento con las condiciones y la autorización de su Excelencia. Por favor, bendíganos, mi muy reverenda y bien amada Madre y reciba la expresión de mi cariñoso y leal respeto.
Su hija que la quiere,
M de S Véronique Giuliani, smr

Véronique añadió dos postdatas:

Cuando escriba la dirección en sus cartas es mejor decir vía Cherbourg, no vía Inghilterra porque se demora más.

Podría, Madre, mandarme una buena fotografía de una de nuestras Iglesias para enseñársela a la Condesa para darle una idea de nuestro estilo. Yo también quisiera una medalla de la Adoración. Puede mandarla como muestra. Agradecida.

La esperanza de poder organizar fácilmente una visita con el arzobispo Farley, Miss Leary y las Reparadoras gradualmente dio lugar a ansiedad. La condesa escuchaba las numerosas recuestas y accedía a la reunión pero luego dilataba el proceso una y otra vez.

El 6 de marzo MM de Ste Véronique Giuliani expresó su angustia sobre todo esto a MM de S Maurice.

La semana pasada, el jueves 27, ella (la condesa) nos hizo venir diciendo que íbamos a hablar de negocios en orden a finalizar todo antes de entrevistarnos con el arzobispo. Pasamos con ella dos horas, como de costumbre hablando de todo menos del asunto que nos interesa. Entonces llegó una señora que yo había conocido en Roma, invitada a tomar el te con nosotras. Yo vi que la tarde iba a pasar sin llegar a ninguna conclusión. Aproveché un momento en que me encontré sola con la condesa para decirle que no podemos volver a tomar el te con ella. La condesa nos invito a cenar y me dijo que debemos tener paciencia con ella y que pronto continuaremos nuestra conversación. Yo insistí recordándole que el arzobispo está esperando y que no nos dará su autorización hasta que él sepa que ella ha establecido un presupuesto para asegurar nuestro mantenimiento.

Ese mismo día, en la mañana, Monseñor Cerretti nos sorprendió con una buena visita. El estaba en Nueva York en viaje de negocios y había visto al arzobispo Farley quien le dijo que me dijera que esté en paz, que él está muy contento de recibirnos en la arquidiócesis pero que necesita tener la seguridad de que la condesa se hará cargo de los gastos de la fundación.

Como puede ver, Madre, en este momento las dificultades no vienen del Arzobispo sino de la condesa. No es que ella no quiere hacer por nosotras todo lo posible, pero quiere hacerlo a su manera. Todo el mundo nos dice lo mismo que no tengo nada que temer de su parte pero que ella puede cambiar de un momento a otro y no es razonable dejar los asuntos colgando en el aire. Solamente el arzobispo puede encaminarla a hacer lo que él desea y yo había pensado que lo mejor seria hablar con él y al mismo tiempo mostrarle nuestra confianza. Yo le había escrito pidiendo una cita privada para mí y mi compañera para que él no pensara que la condesa estaría con nosotras, y él respondió diciendo que fuéramos esta mañana.  

Fuimos y nos recibió amablemente. Yo le dije que le había recordado varias veces a la condesa que él desea entrevistarse con ella en nuestra presencia para aclarar las condiciones y dar su autorización por escrito, pero que la querida condesa siempre lo dilata y no parece darse cuenta de esta necesidad, mientras que al mismo tiempo dice que quiere hacer todo por nosotras. Me respondió que él ve que la conocemos bien; que esto es un defecto fisiológico debido a su edad; que cuando uno está hablando con ella es muy difícil mantener su atención en un punto; algunas veces él ha estado hablando con ella dos horas antes de poder expresar lo que él desea; que yo debo ser muy perseverante para conseguir lo que queremos de ella. Ella le ha dicho a él que se hará cargo de nosotras, aunque tenga que vender la ropa que trae puesta! Pero que es absolutamente necesario que ella haga todo de acuerdo a la letra. Que es necesario que nosotras nos independicemos de ella más adelante. El tiene motivos para decir esto y cree que esto es precisamente lo que nosotras deseamos, pero que es un punto muy difícil de resolver porque ella quiere mantenerse en control. Yo debo decirle a ella, en su presencia, que si ella no quiere hacer lo que el arzobispo desea, yo regresaré a Roma inmediatamente. Ciertamente, yo no quiero tener que decir eso. Yo no quiero contrariarla. De un modo o del otro, nosotras perdemos. Mientras tanto no hay otra cosa que hacer sino repetirle de nuevo lo que ella ya sabe, que es necesario que ella decida las condiciones para comunicárselas al arzobispo y continuar rezando sin cesar. Este es un momento crítico pero yo no he perdido la confianza ya que es necesario esperar dificultades en una fundación.

Hacia el final de la carta se nos permite una mirada dentro del corazón de Véronique y allí vemos inquietud y también esperanza.

Rezo continuamente al Buen Maestro para que no me deje equivocarme, cometer errores y que yo no sea un obstáculo al éxito de este negocio tan importante. Confiamos en este mes de San José. En nuestra capillita tenemos una bonita estatua y día y noche tenemos una vela encendida en frente de este querido Santo que debe arreglar todo esto durante su mes.

La querida condesa trata de ocuparse de nosotras; no quiere que sepamos que tiene catarro por miedo a que esto nos preocupe. Durante nuestra última visita nos mostró desde su ventana el lugar donde quiere construir un convento para nosotras. El lugar seria magnífico para nuestro trabajo del Santísimo Sacramento y retiros. Que Dios le permita hacer todo lo que ella desea.

Leí recientemente que desde nuestra llegada aquí, ella ha perdido inesperadamente una gran cantidad de dinero en la crisis financiera. Es una pérdida momentánea de la que ella cree que podrá recuperarse en unos cuantos meses. Pero ella no quería que lo supiéramos. Esta puede  ser la razón por la que dice que en este momento no puede decir que podrá hacer por nosotras porque el otro día, cuando nuestra conversación fue interrumpida, me dijo algo similar. ¿Qué decir a esto?

Parece que Véronique y Matthieu ya han hecho amistades entre los vecinos y Véronique lo comparte alegremente con la MM de S Maurice!

Las amigas son muy buenas y nos traen flores preciosas que ponemos cerca de San José. Ella (no sabemos a quien se refiere) dice que ella es la primera sacristana y le pide, Madre, junto conmigo, su bendición maternal.
M de S Véronique Giuliani, smr

Pasarán casi dos meses sin llegar a un acuerdo entre la Condesa Leary, el Arzobispo Farley y nuestras hermanas. Mientras tanto, el invierno dio lugar a la primavera y las flores comenzaron a abrirse en los jardines trayendo nueva vida a su sueño de tener un ministerio vibrante en los Estados Unidos.

El próximo mes habrá un nuevo episodio, Concepción González Cánovas, smr