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Terremoto en Perú
 

Compartimos con ustedes cómo vamos viviendo después del terremoto (8.4) que asoló el sur yque ha causado tanto dolor y solidaridad.

Eldía 15 de Septiembre (coincidentemente a un mes del terremoto) hemos ido a Chincha,uno de los lugares afectados; curiosamente donde más casas se han caído y dondemenos muertos han habido. Nuestro encuentro con la gente ha sido unacercamiento sencillo y con mucho respeto. Fuimos con Anita Muñoz (asociadasmr.) y su familia. Ana nos comentó que había ido a dejar algunos víveres a sufamilia y cuando llegó allá se encontró tanta necesidad y dolor que pensóregresar, ya no sólo para su familia sino para los demás. Nos dijo “Somos reparadoras, somos María para Jesúsy María tiene que estar donde Jesús está más sufriente y ahora sufre más en elSur” esas palabras se nos quedaron resonando y decidimos ir para allá. Seráun primer encuentro y un punto de próximas misiones.

Nosencontramos ya desde el bus con un panorama desolador; a un mes del terremoto,todavía siguen los escombros y la gente derrumbando sus casas o limpiándolaspoco a poco entre la alegría de estar vivos y el sentimiento de empezar denuevo. Era un encuentro personal con ellos en silencio y de corazón. Algunasrepartiendo alegremente lo que habíamos llevado, otras con una palabra dealiento, un abrazo y otras en silencio total…La gente está muy agradecida decualquier ayuda que se les de, y en medio de su dolor tienen una fe y unaconfianza en Dios admirable. Nos han contado una y otra vez el momento delterremoto y es inevitable el llanto y el terror en sus ojos, pero a la vez encada relato sentimos que se sanan un poquito más.

Fuimosa Sunampe, una zona de las más afectadas, un poblado sencillo y alejado, lasmaquinarias no abastecen a todas las zonas, las ayudas por parte del gobiernoson lentas, pero constatamos también que mucha gente, organizaciones nacionalese internacionales se han hecho presentes; se nota en sus carpas, en los bidonesde agua, en los alimentos para la olla común. También nos preguntamos hastacuándo estarán durmiendo en carpas, comiendo en ollas comunes, robando días altrabajo para demoler sus casas, limpiar los escombros, buscar entre los adobessus cucharas, sus ollas, sus mantas…

Lasayudas desde Cáritas y CONFER llegan directamente a los más afectados. Tanto elgobierno como ONG y voluntarios están comprometidos en la construcción decasas. Una señora que había reconstruido su casa de paja nos decía “ya noquiero casa de ladrillo, al menos si se me cae, ésta no me matará”.

Entreotros, la vida religiosa ha sido realmente evangélica, muchas han ido a Cáritaspara limpiar, ordenar y empaquetar la ayuda, otras han ido directamente a Piscoa escuchar, a estar, otras en los hospitales acá en Lima para acompañar a losfamiliares de los enfermos, alojando en sus casas a familiares, brindandoalmuerzos. Tomando la frase de nuestro Capítulo ¿Qué hemos hecho con tanto Amor?, si no es para ofrecerlo a quienmás lo necesita, allí donde estemos,  definitivamenteno será fecundo.

Hayuna gran necesidad de escucha, de ternura de acompañamiento. El dolor es muygrande, sobre todo por la pérdida de vidas, eso es irreparable, sin embargo laesperanza y el deseo de vivir está más latente que nunca. Los peruanos estamosacostumbrados a luchar, a no dejarnos vencer, incluso hacer fiesta y continuaradelante. Hemos pasado épocas de terror por la violencia, lluvias desastrosaspor el fenómeno del niño, gobiernos corruptos y sanguinarios, economías establese inversiones que nunca jamás llegan al pueblo; pero como decía en Cáritas unvoluntario para animarnos a continuar trabajando, en medio de montañas de ropa,víveres, agua, frazadas etc. “Elterremoto es un mal recuerdo, la Solidaridad  No”.

Con cariño: sus hermanas de la Ensenada.


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